lunes, 6 de junio de 2016

Renuncia

La poesía no me interesa más. La poesía me aburre, tanto respeto es ajeno a lo real.
Ya no existe la dignidad de nadie y algunos la piden para algo que se llama poesía.
Piensan en el poema como en un edificio de Wall Street: algo que merece respeto, algo que tiene más derechos civiles que cualquier pendejo, y con ese adjetivo proceden contra los que escriben algo en contra de sus títulos;mientras tanto, defienden a la señora poesía.
Piensan en el poema como una mujer (porque están seguros, además, de que es mujer) que va con un tutú en una cuerda floja y ellos son la red de abajo, a la espera morbosa de que ceda o se salve. Creen en la musa, en la diosa blanca, y no reparan en talar un bosque o llamar no humano a un humano porque no escribe un verso con sus medidas.
En una azotea, vi a una mujer que recitaba poemas peleando, decía "¡A la mierda!, Poems are bullshit unless they teach something" Los poemas no sirven si sólo son poemas, si no son herramientas (armas blancas).
A veces, por inercia horrible, tengo más ganas de leer cómo tiraron a un niño baleado a un basurero de Acapulco.
Cuando vi sus huarachitos blancos difuminados en Sinembargo, sentí algunas cosas. ¿Quieren un poema?, escriban sobre los huarachitos blancos.
Críticos de Facebook, de la poesía política, defensores de la poesía sin huarachitos: sus burlas irónicas se parecen a las del duque de Job en 1920, son agrias.
Un poema sin huarachitos blancos que amanecen muertos en Acapulco no es un poema.

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