Terceaba las riegas de
sus plantas
entre esos días,
descubrió una antiflor.
Le echaba manzanilla
diluida,
dijeron que no mataba
la bacteria,
la hacía más fuerte de
afuera.
Le arruinó el jardín la
pinche:
días cuidando y sin
avisar, una mala.
Leyó que con agua y
jabón
pero si la mataba, se
echaba la maceta.
Con veneno, infestaba
lo que no.
Determinó que no
colmara el desánimo:
la antiflor también era
su planta.