Acordara contigo una cita en el salón
Me acordara del consejo de quitarte yo
El cinturón, que encierra tu sípida cúspide
Chorro de líquido más que la leche y
Menos que el agua. Blop, blop, blop.
Te atara y a gatas caminara en tu respirante,
escalofriante cuerpo de exofensiva
Y exdefensiva, tú, jugador experto de adolescente
Ya no haces más que rego(r)dearte en tu incipiente
Panza de joven que dejó de correr.
Ahora escribes periodos, entiendo:
eres periodista de temas de ocasión.
Como ésta en que te espero fantasiosa
En la cama que tenemos recorrida
Por entierros corporales y mis gritos
Cuando empinas como esfinge o pirámide
O monumento al penetre tú, prepotente
Y por eso enamorante esposo (esposo
Mío por himeneo en tantas tardes de meneo)
Acostada te veo y te repaso :
Las manos que teclean apresurantes
Alguna nota de urge y que no notan
Mis pezones esperando endurecidos
Mis labios más urgentes que el trabajo.
Si tú vienes y te encimas y me obligas
Fingiré que estoy perdida de las ganas
De morderte en las nalgas aún lozanas
Y escaparme del escape de escribir.
Describirte es un consuelo de un ratito
Ven ya, ya vente en mi ombligo
Acorrálame amá(rra)me amarráname
Escríbeme la nota en las costillas
Repórtate en mi periódico mens(tr)ual
Mi columna es la más roja y más picante
Articúlame la noche, entrevístame a poca luz.
miércoles, 26 de junio de 2013
domingo, 16 de junio de 2013
La última instancia
Encendiste el último cocuyo de mi inocencia
en una charla inocua y reprimida
dándome argumentos de tu estudio y yo intentando
esconder los residuos de mi párvula existencia.
Ya no me sonrojo cuando oculto mi niñez.
Puedo sostenerte la mirada que me indaga
con el altivo ejercicio de encontrarme mujer.
Tengo entrenada la conciencia hasta el punto
de gritarme a tus ojos: "¡No te ocultes!
¡Corre, ve! ¡Móntate a la vida sobre un desconocido!
¡Mírale a los ojos, mírale, mírale!"
Pero soy un traspié que no conoce los atajos
de llover sobre sobre sí mismo y los demás
sin hallarse antes remordido en la conciencia
por los truenos que amenazan con el fin de la imprudencia.
en una charla inocua y reprimida
dándome argumentos de tu estudio y yo intentando
esconder los residuos de mi párvula existencia.
Ya no me sonrojo cuando oculto mi niñez.
Puedo sostenerte la mirada que me indaga
con el altivo ejercicio de encontrarme mujer.
Tengo entrenada la conciencia hasta el punto
de gritarme a tus ojos: "¡No te ocultes!
¡Corre, ve! ¡Móntate a la vida sobre un desconocido!
¡Mírale a los ojos, mírale, mírale!"
Pero soy un traspié que no conoce los atajos
de llover sobre sobre sí mismo y los demás
sin hallarse antes remordido en la conciencia
por los truenos que amenazan con el fin de la imprudencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)