domingo, 16 de junio de 2013

La última instancia

Encendiste el último cocuyo de mi inocencia
en una charla inocua y reprimida
dándome argumentos de tu estudio y yo intentando
esconder los residuos de mi párvula existencia.
Ya no me sonrojo cuando oculto mi niñez.
Puedo sostenerte la mirada que me indaga
con el altivo ejercicio de encontrarme mujer.

Tengo entrenada la conciencia hasta el punto
de gritarme a tus ojos: "¡No te ocultes!
¡Corre, ve! ¡Móntate a la vida sobre un desconocido!
¡Mírale a los ojos, mírale, mírale!"

Pero soy un traspié que no conoce los atajos
de llover sobre sobre sí mismo y los demás
sin hallarse antes remordido en la conciencia
por los truenos que amenazan con el fin de la imprudencia.

2 comentarios:

  1. me late, y me llevo una frase...pero soy un traspié que no conoce los atajos de llover sobre sobre sí mismo y los demás...saludos...

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Jesús.
      Tu comentario me alienta a seguir escribiendo.
      Saludos.

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