Le concedía de más porque era poco. En cambio, a la otra, le
cargaba la mano porque dios la bendijo con la abundancia que se nota. La otra
fumaba y la madre le dijo, está bien, nomás poco. La otra no porque sabía que
ella no podía. Le concedía los viajes, el colchón nuevo, la primera hora del
baño. Le concedió las humanidades. Le dijo, sí, arqueóloga, toma una pala, si
eso quieres. Y la pala estaba grabada. La otra, nada. A conseguirlo. También,
tú también te tienes que romper la espalda. Y ninguna de las dos aprendió nada.
Como la madre, que no sabía nada. Pero nada. La otra, drogas,la otra, a la
casa. Pero las drogas no le abrieron el alma, ni le abrieron nada. Y la casa,
ésa también la encerró. Le dijo, quieres vivir sola, ahora tú también cava.
Porque no me alcanza, ya para ninguna de las dos me alcanza. Pero la otra, ella
puede con otros, ella solita sale, con los otros, que le pongan una casa. No sé
si lo hice al revés. Ahora tú cava. Luego ambas cavaron, y una le dijo, yo por
ti siempre cavé, y la otra, yo también, por ti cavé. Y el amor estaba, la
intención estaba. Luego la madre dijo fui feliz, hice al revés, ya no me
alcanza el aire. Y luego una, con los otros salió y le dijo, cava, cava, cava.
Y ya no fue la casa, no fue la pala. Fue la generación, fue la alza, fue el
dinero, y a ninguna le alcanzaba, pero una vivía, porque cavaba.
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