Los humanos deberíamos aspirar a ser patos, no respirar este aire de realidad todo el tiempo.
Hermes Trismegisto dejó dictados conocimientos que, si bien son rebatibles por la doctrina racionalista con argumentos de lógica ilustrada, son cada vez más confirmados (si es que una confirmación puede incrementar) por la ciencia, para los racionales, redentora.
En estos conocimientos, cuya totalidad no abarco, aprendí que los brillantes puntos que se atisban cada vez menos en la noche de esta ciudad, son del mismo ingrediente que las rayas indecisas de mi mano, pero en porciones variadas. También, que las sombras que a veces veo en mi jardín con la orilla del ojo son personas.
A pesar de que los griegos inventaron la palabra griega sin división, creo que desde antes se pensaba en los átomos. Sí de manera más abstracta porque la que concreta es la palabra, pero sin duda Hermes fue enfático en que vivimos en una ilusión, y que en realidad nada está dividido.
Ilusionamos que tu cuerpo no es el mío. Ilusionamos que tú te llamas Sofía y yo me llamo Valeria, y que de ninguna manera nos llamamos al revés. Ilusionamos que yo vivo en planta baja y tú en el piso de arriba. Pero, sobre todo, ilusionamos que una noche yo subí a invitarte una ginebra y sólo estaba tu compañero Adán. Por mi culpa el gato casi escapa y yo ilusioné que lo cargaba y que su espina dorsal rodeada de carne felpuda era sólo un animal afuera de mis manos.
Con esto quiero proponerte que pensemos que ya somos amigas. Que no seamos los ciegos peces que creen que sólo hemos hablado cuando me pediste intercambiar lavaderos y me dijiste que creías que te llamabas Sofía.
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| Ilustración de Jesús Helguera |
Pero nosotras no somos sabias. Si me permito usar el plural es porque supe que vibrábamos al mismo ritmo cuando te vi y lo traduje a querer que, en este mundo ilusionado, fueras mi amiga.
Puesto que no somos sabias pero sí que hemos aprendido algo, podemos estar conscientes de que, sin más ceremonias ni cruzamientos físicos en el pasillo culminados en un "hola", ya somos muy amigas, nos llamamos Sofía y Valeria, yo vivo en la planta baja y tú en el piso de arriba, yo toqué a tu gato, te invité una ginebra. Sólo pensemos que sí estabas, y que nos la tomamos.

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