casi insinúa que debe hablar de los muertos
porque los muertos no tienen voz
para escribir sus hazañas
y cuando uno vive no le da tiempo:
o hace piruetas o las relata
y si las cuenta le salen mal, como a Colón o a Exquemelín
Habrá que buscar entonces en los archivos municipales
hasta encontrar ese remoto relato que tenga el corazón esmeralda
quitarle el polvo del aburrido relator, secretario McGregor,
que apunta cada detalle intrascendente y narrarlo de nuevo
es el de los poetas biografistas un trabajo de oficio
como el de los boleadores que cargan una caja para lustrar la piel de los que pisan.
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