miércoles, 8 de julio de 2015

tradición

Dice mi amigo Eliot que el poema no debe hablar de nosotros

casi insinúa que debe hablar de los muertos

porque los muertos no tienen voz 

para escribir sus hazañas

y cuando uno vive no le da tiempo:

o hace piruetas o las relata 

y si las cuenta le salen mal, como a Colón o a Exquemelín


Habrá que buscar entonces en los archivos municipales

hasta encontrar ese remoto relato que tenga el corazón esmeralda

quitarle el polvo del aburrido relator, secretario McGregor,

que apunta cada detalle intrascendente y narrarlo de nuevo

es el de los poetas biografistas un trabajo de oficio

como el de los boleadores que cargan una caja para lustrar la piel de los que pisan.

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