Estábamos llenos de jardines
corríamos adentro de nosotros
los narcisos se abrieron como historias
nuestras manos eran verdes
y teníamos espinas en los dedos
cada día una flor picaba los oídos
olíamos a tierra mojada por la mañana
y a viento de yerba por la tarde
suave resabio de hojas frescas
decíamos atardecer en las pupilas
descansábamos en la cabaña de madera
arriba del lago
junto al salón de té
vivíamos enfermos de musgo
y aliviados de sol
bebíamos el agua seca de las plantas
habíamos túneles de copas
aves de rapiña en los hombros
un zoológico de fieras
bancas para dejar de caminar
y las fuentes eran una alberca
raíz y laberinto
antes de perdernos en la ciudad
que éramos afuera
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