viernes, 5 de diciembre de 2014

Nunca fui a esquiar (poema en tres episodios)


“Vienna is no place for you—at least not until you´re a little older.
[She nods at him to emphasize this piece of advice.]”
Mrs. Warren´s Profession, George Bernard Shaw



1. La llegada

Entré a un cuarto vacío de vida
quiero decir que tenía algunas cosas,
todo lo que un humano necesita
nada de lo indispensable para no sentir melancolía de hogar,
digo que no había jabón en el baño
pero sí un papel higiénico de consolación
había una televisión con canales auf deutsch
dos enchufes con la entrada europea
y yo no llevaba convertidor

Escogí la cama como niño:
al lado de la ventana
Yo quería dar vuelta y regresar a mi país
pero ya había pasado por el tedioso trámite aduanal
Mi culpabilidad de primogénita
no me dejaba el primer día llamar a mi mamá
y decirle: “mami, me quiero regresar”

Estaba triste y me senté a llorar como los tristes
Podría haber estado en cualquier lugar
que asemejara la diferencia horaria
y me hubiera sentido igual

No me importaba haber llegado a la cuna del vals,
mi ritmo era el tango del que deja su ciudad
Había visto el cielo europeo desde el taxi
que tomé por la cobardía de perderme en el metro
el chofer dijo que los vieneses no pueden tocar el claxon
a menos que esté en riesgo la vida de un humano
Juan Carlos había dicho que el índice de suicidios era muy alto

Desperté una noche por el ruido de fiesta improvisada
en el pasillo merodeaba una joven multitud
respondí a los murmullos con la oreja en la puerta
como anciana que se acongoja
de escuchar la ajena novedad

Los jóvenes tienen ganas de vivir y de morirse
sin el preámbulo de verse se besan
sudan bailando con un trago barato en la mano
y cantan en inglés
Hay que estar emocionado y esconderlo:
yo conozco el arte del festejo
y lo poseo
soy aquel que toma moderado,
que dispone de las mesas sin reserva
Yo soy el saludado

A mí esto me resulta muy difícil
o bailo o me tomo un trago
pero no me pidan ser dos cosas a la vez
Nadie me pide ser

Fui al bar con la turba y volví temprano yo sola
El miedo a la noche no se me quita en ninguna ciudad
la gente cambia de noche
Se siente una gran culpa de tener veintitrés
y andarse cuidando la espalda

Conocí a Daniela Roginski una noche todavía de septiembre
una niña de ojos azules nacida en Israel
acostumbrada al frío por vivir en Moscú
Nada en ella me recuerda a nada más que a ella
me decía a veces Lera y yo le decía Daniela
yo tenía frío y ella tenía calor

Me contó que en San Petersburgo 
no oscurece en verano
que las babushkas son ancianas y buenas
que los gitanos son ladrones y malos
Su inglés tenía un acento londinense
que yo a veces no lograba descifrar
pero me gustaba verla porque los ojos
le brillaban como a los bebés

A las pocas semanas enfermé
tal vez no debí haber fumado
en el clima ventoso de una ciudad
cuyo río atraviesa el centro
y desemboca en otro país
A la larga dejarlo fue mejor
hubiese gastado un dineral
comprando tabaco en cajetilla,
soy demasiado torpe
para liar mis propios cigarros

Lenka llegó dos semanas después
su arribo inoportuno me causó fastidio:
mi rutina ya era unitaria
La nueva inquilina tenía un defecto marginal,
no hablaba la lengua de Keats
Esta mujer jirafona y pelicorta
apenas balbuceaba algún renglón;
eso le bastó meses después para mantener conmigo
una incómoda pelea conyugal
Intentamos, absurdamente, ser amigas
pero nada se concilia sin hablar
además mis reticencias juveniles
no empataban con sus gustos musicales

Optamos por sentarnos lado a lado
fingiendo indiferencia y viendo con sigilo
a veces la computadora de la otra
Una de esas tardes dijo I was a model,
volteó su pantalla hacia mí
y ahí estaba ella, posando en ropa fea
(Esa ropa que usan los checos
esa ropa que recuerda al color gris
que recuerda a la unidad y la falta de recursos
que recuerda a Goodbye Lenin!
que recuerda a fachadas iguales
metros más jodidos que el nuestro
sonidos del metal oxidado
gente que aprendía ruso y ahora aprende inglés)
Luego sus nimios y pálidos senos
empezaron a asomarse en las últimas fotos,
¡qué desilusión de muchacha sin curvas y sin color!
Tenía yo una prójima semidesnudista
y la mala fortuna de ser
indolente a sus pezones transparentes

Todos los viajeros tienen una razón
la mía era la obediencia paternal
y el miedo a no decir “yo salí pero quise volver”
acaso no me esforcé lo suficiente para estar a gusto
para no llamar a mi novio y ponerme a llorar
para mí la voluntad de irme
era ya el esfuerzo que yo le debía al universo
el viaje es maravilloso cuando se tiene la completa voluntad
de ir

No hablemos de dinero
de cuánto cuesta irse y cuánto cuesta quedarse
No hablemos de quién pagó el viaje
si hago cuentas
las letras se convertirían en monedas
las monedas serían euros y no versos
tendría que hablar alemán
para alcanzar el idioma del dinero que usé
si hablo de lo que gasté, no podría pagarlo

Mi primer miedo fue gastar
el antojo es un gusto indeciso
que avanza con las vitrinas
espejos de ropa que alguien podría
comprar en cualquier ciudad
ah, pero el viaje
para qué se viaja sino para comprar
la compra empieza en el aeropuerto:
lleve su tequila de recuerdo para no extrañar
luego en el avión te ofrecen
relojes de buena marca y uno quisiera
ponerse a la moda, ver las horas
con el titanio de un Citizen
para ser ciudadano del mundo caro…

Viene a mi mente mi madre diciendo
que el dinero es para gastar
y mi padre diciendo que no
El dinero es un crimen
ha matado matrimonios
ha dejado niños clasemedieros
sin su pobre familia feliz

A mí, hija de un añejo divorcio
que sólo me importa en estos casos
me preocupa mi incapacidad de administración monetaria
Si me acabo lo que tengo,
¿quién me va a dar más?
El dinero es un crimen,
miren lo que me ha hecho

Correr es escapar del tiempo,
yo corría cada tarde en el Palacio de Schönbrunn
Lo que otrora fue la casa de verano
de los prógnatas reyes de Habsburgo y Lorena
es ahora un museo y un jardín de recreo
(las madres pasean a los pequeños en carriolas
aunque nieve, aunque llueva, aunque nunca salga el sol)
cuna de turistas que van al museo de Sissi,
la princesa anoréxica

Conocí los jardines en otoño, había flores aun y las hojas
verdes formaban túneles de luz
yo pasaba debajo y el sol caía en rayos
los arbustos eran pasillos que daban a un tapete de color

En octubre quitaron las flores,
las corrientes alpinas entumen las encías
y destemplan los dientes al hablar,
matarían las amapolas sin reparo
Sólo la Edelweiss sobrevive en las montañas
porque es del mismo color
Miento: yo nunca fui a los Alpes
yo nunca fui a esquiar

Zeynep era un nombre difícil
la conocí en una reunión de bienvenida a la universidad
de esas donde va la gente en la desesperación de estar solo
Solo cuando come
Solo cuando pasea
Solo cuando entra a clase
Solo cuando sale
y solo cuando toma el metro para volver

Pienso en sus lugares comunes:
su cabello chino, largo, que después cortó
sus cejas altas como arcos del triunfo
Birmingham, Turquía, La Meca, eso era todo ella
Ella, como Daniela, no tomaba
Zeynep era musulmana y Daniela vegetariana
yo era la manzana de la discordia
porque mi amiga moscovita nació en Israel
y, bélica, besaba a todos menos a Zeynep al despedirse
Hay personas que encarnan la guerra

Las tres juntas bajamos a las Catacumbas
de la Catedral de San Esteban
ahí están en jarrones los restos
de la monarquía austro húngara:
jóvenes abuelos

Bajamos por un túnel y Daniela tenía miedo,
se agarraba de mi brazo como niña
yo me sentía torpe, como una adolescente
que se para frente a otra de menor estatura
y se encorva para no sentirse un dinosaurio
El camino es oscuro, recordé bajar al inframundo
en una excursión a la pirámide de Cholula,
éste también tenía calaveras

Zeynep iba atrás, yo no la quería dejar atrás
El guía trataba de espantarnos como en la casa de terror
de la feria de Chapultepec
¿Estará Maximiliano aquí?
yo quería contarles la historia
pero sólo recordaba que Carlota enloqueció,
repetía su título una y otra vez
o esa era una novela mexicana.



2. Nunca fui a esquiar

“But then if you're so smart, tell me
Why are you still so afraid?”
“Vienna”, Billy Joel


Hace pocos años volvieron los terrores infantiles
cierro los ojos con miedo
de abrirlos y ver al lado de la cama
a una mujer extraña
Los ruidos que hace la madera
cuando cruje, esos que sólo en la noche se oyen
me hacen aguzar el oído
temerosa de encontrar la muerte

Ese miedo sólo existe en solitario
empiezo, masoquista, a pensar en la cama
de acuerdo con su disposición,
me pueden tocar el pie
me pueden tocar el cabello
me pueden tocar la mano
el sudor de cobarde empieza a escurrir
mientras no me muevo porque
acaso alguien aparezca si volteo
Es hasta el punto más insoportable e infantil
que pienso en otra cosa
y me duermo y amanezco al día siguiente como una persona normal

En el viaje evoluciona este temor
es ahora la ilógica tristeza de pensar en la muerte
Pensar, en abstracto, que alguien va a morir
o pensar, en concreto
que no muera mi madre
déjenme volver a mi país y ver a mi padre una vez más
no quiero que caiga el avión de regreso
un abismo muy grande me separa
no sé si podré volver después
y que todos sigan vivos

Ese ilógico miedo no me dejaba en paz
tenía premoniciones infundadas
Mi fatalismo era tan absurdo
como el miedo a que un fantasma
me besara la cara mientras hacía la tarea
Pero el nervio era real y no se iba
antes que irse a mí me daban ganas
de volver al día siguiente
con la cruz del fracaso
porque mi miedo era tan latente
que a veces yo ya no sabía
qué estaba haciendo en otra ciudad

Aceptar que se es débil mental
es decir soy víctima de mi propia vida
y todas las decisiones que tome
vetado de la valentía,
serán aquellas que no impliquen mayor esfuerzo
como
esquiar
ir a un club a bailar con gente desconocida
cambiar de pareja
estudiar una carrera científica
escuchar música nórdica
o salir a la calle a menos de cinco grados centígrados

Por eso casi me encierro en mi pequeño cuarto de residencia estudiantil:
en noviembre llegó el invierno impertinente
y a partir de entonces no hubo un día
que yo abriera la cortina de metal
y no estuviera el cielo color
Metrópolis
Persópolis
cualquier película en blanco y negro
cuyo cielo sea uniformemente gris

Hubo un viento de brujas en noviembre
todo estaba turbio y yo trataba de reír
paseando sola por los parques congelados
Había un parque con hamacas como burla
y la gente, que no dejaba de salir
hacía frío y no dejaba de salir

Italianos, mujeres con verduras importadas, niños de la mano
tantos inmigrantes malacostumbrados
En el metro había un negro cantador entre blancos
pasaba junto a él y sonreía y apretaba la cartera
me daba risa que cantara entre tantos rostros azulados
me daban risa los blancos
me daban lástima y envidia

La gente pasaba junto a mí sin verme
y yo veía mujeres hermosas
del cuidado canon occidental
Yo sólo era una mexicana más
una mexicana menos, una mexicana más

Para justificar mi fastidio climático,
recordaba un DF tropical
creía vivir en lo más profundo de la vegetación
Perdí la noción de vivir en la ciudad
casi creía que era una niña que andaba
por las costas insólitas de Oaxaca
donde sólo llegan turistas con ímpetu espiritual
y que dormía en hamaca y despertaba con un papagayo
revoloteándome para que fuéramos a pasear
Entonces yo agarraba mi palo que hacía las veces de bastón
y me iba por la playa haciendo dibujos temporales de arena
y mi cabello estaba enredado de tanta sal
y mi rostro era más oscuro y yo tenía menor estatura
y menos años

Casi olvidé que yo sólo he ido a Puerto Escondido una vez
que no llegué ni a Mazunte
porque estaba segura de que el sol donde vivía siempre era sol
y no día acalambrado de nostalgia
Pensaba si esa mancha tipográfica de edificios
era más tropical que Viena, la ciudad que me tocó vivir
A mí me salió Viena como a otros les sale
un barco para armar de un huevito Kinder

Hay algo de Viena que es muy mío
algo de mi infancia, algún color que vi
o el sonido que hacían las pulseras de mi abuela
Llevaba siempre en su brazo un semanario
y tenía algo en ella, algo en su gusto
en los focos amarillos de su casa
los suéteres que usaba en navidad
Yo no sé qué tenía que me hacía pensar en ella
todo esto le gustaría, pensaba mientras
veía vitrinas con figuras en escala
o vajillas de plata
de vuelta a mi país se lo conté
y no entendió nada

Viena era un palacio sin ventanas
asfixiaba tanta belleza monumental en soledad
pasear el Danubio sola y cobarde
lo mismo me daba orgullo que tristeza
y claro que amé sus dimensiones
caminé por calles de cantera llenas de turistas
y yo no sabía quién era
inmigrante momentánea era
mujer estudiante amiga solitaria acompañada escucha apática apasionada
yo fui todo y era a la vez era nada
pero eso sí: nunca dejé de verme
en el reflejo del metro, del deseo, del zeitgeist solitario
nunca escapó ese ego esa luz esa pulsión enamorada
esperaba más y me desilusionaba de ser tan mediocre
de andar por el mundo como pájaro sin parvada
pero libre y viviendo en una jaula gótica y altísima
llena de furor controlado estaba

Uno vive en su país y en cercanía
no se nota lo que falta
Qué somos nosotros sin la gente que es igual
que habla el mismo idioma que te ve todos los días sin la madre que te parió sin tus hermanos tu esposo pareja sin tu casa sin vecinos sin miradas de la misma raza sin el clima de tus cosas tus libros tus fines de semana…
Yo no quería ser nueva y conocerme
sólo quería viajar un poco, subirme al avión
decir vamos a Salzburgo, qué preciosidad
Me ayudas con la maleta
Mira a esos chinos tomando fotos de los baños
Vamos a nadar, hace mucho frío, mejor no

Es demasiada juventud para la soledad
para que siempre esté nublado y doblado en otra lengua
Por eso busqué amigos
y es tan triste que en el mundo
sean tan largas las distancias porque pienso
que no volveré a ver esos cabellos esos ojos esas manos
la sonrisa de Adela, de Serhat y su acento londinense
de Daniela y el fleco malpeinado porque no tenía el cabello lacio
de Diana o de Monserrat, la mujer más bella que ha existido en Barcelona
(yo nunca he ido a Barcelona)
de Zeynep la más amada, mi amiga que entendía todo lo que decía
aunque a veces ni siquiera me salía el inglés

Incluso por esa gente
incluso por caminar una tarde más en Marihilfer
con ellos poco borrachos buscando un bar
un lugar para comer o un café vienés
yo volvería a ese lugar mitológico
volvería a esa tarde en el Volkstheater con mi amiga israelí
volvería a morir de frío y de pena con un abrigo extra grande
acaso por eso ahora que he vuelto
leo a Joseph Roth y a Stefan Zweig
leo a Thomas Bernhard y a Schnidler
porque quiero ver las calles otra vez

Los leo y me doy cuenta de que no sé nada de Austria
no sé nada de Francisco José
no sé nada del Ringstrasse
de Kokoschka de Freud de los niños que corren por ahí
y sobre todo me doy cuenta de que no sé
nada de mi país
lo más raro es que tampoco
sé nada de mí



3. El retorno maléfico



“Y una íntima tristeza reaccionaria…”
Ramón López Velarde

“Traemos del abismo la pesadumbre ignota
de lo que pudo ser…”
Renato Leduc



Viajé y volví la misma y no cambié
no cambié, no soy más fuerte, más salvaje
ni más lista, sólo un poco más reacia a lo nublado

El mundo está pensado en escalas
para subir hay que hacer varias cosas
Estudiar trabajar viajar leer un libro aprender una lengua extranjera aprender de las caídas y volverse a levantar no dormirse para no irse con la corriente ser suspicaz precoz famoso emprendedor buen amigo buen esposo buen amante

Después de un viaje uno sube de nivel universal
ya es más listo, ha visto más
Yo no aprendí mucho, nunca fui a esquiar
Ah, pero soy una persona más moral más adelantada
soy la campana de este musical
soy, más que otros, una potencia mundial
yo me fui, amigos, yo me fui
viví en Europa y conocí las universidades
estuve en los salones que otro ven sólo en la tele
anduve en esas calles de la mano de Mozart
me tomé una foto con Mozart
comí del finísimo pastel primermundista
y es una pena volver a vivir en la misma casa
con el mismo novio
con la misma mamá
es una pena incluso seguir siendo yo misma
porque nadie esperaba sino un cambio magnífico
una irreconocible otra que hablara en alemán
que rescate apoteósica del lodo a este país
¡Que aprenda!, ¡que aprenda! A eso la mandamos a Viena
que sea mejor
mejor que mexicana
mejor que clasemedia
mejor que humana
mejor que temerosa, nula, fantasma de las ganas

Lo siento, vida, por no cambiar tanto
y seguir en mi rutina familiar, amorosa, estudiantil
por no estar a la altura del mercado
de los hijos que nacen y se van y nunca vuelven
que se encuentran en el mundo como héroes o solados
que son bravíos y que cambian para bien

Lo siento, vida,
por volver al cielo que quería
es que este sol de Cáncer
de trópico
de manos llenas
de color
es que el arrebol es a las siete
y no a las cuatro
el frío es de ornato
y no para nevar

Los siento, vida,
me disculpo
para no volverme a disculpar.

(Excipit o última nota de escape: pero soy joven y acaso un día me vuelva a ir).

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