Aletea y aletea pero no puede nadar
Ese negro, maldito animal
que come cadáveres de puercos,
chivos, niños desnutridos
y mexicanos tirados en el desierto,
se está ahogando en un estanque.
Saca el pico, se levanta
y lo vuelve a sumergir.
Habrá que aceptar que no lo hace tan mal
grazna todo el tiempo
con el mismo grito roncoagudo
de esperar a que alguien muera
(esta vez, él mismo).
Sus plumas se mojan cada vez más
cuando un oso se acerca
lo mira y lo revé,
mastica una zanahoria y lo sigue con su lento caminar,
termina de comer y mete su pata al agua,
se reclina y con las fauces saca al ave del estanque.
La estúpida ingrata
se queda tirada,
el oso ni la ve, vuelve a donde estaba
y toma un sorbo de agua.
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