En las primeras citas uno siempre habla de cicatrices,
ésas que adquirió cuando chiquito, cuando jugando.
Las otras, las que no son una raya en la frente o en la mano,
sino un dolor que ya no se siente pero que está clavado
ni siquiera en la memoria, sino en la esencia,
en eso que los astrólogos llaman la personalidad
y los psicoanalistas el yo,
de ésas al paso de los meses se va hablando
o, en algunas relaciones terribles y duraderas,
se van marcando.
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