Mi amor es caudaloso,
Se vierte del vaso que lo anega
Y se mete en los surcos del trigal
Que tú de a poco regabas.
Conviértome en el alma surtidora
Del agua que aunque pienses
No te falta,
Tu seco breñal soslayaba.
Que no quepa en tus curtidas manos
Un polvo de duda:
Tengo toda la vida del verano
Sumergida en mis pozos, albercas,
Manantiales que brotan y van
Desbordantes bordeando tus piernas,
Rozando tus dedos en la punta,
Siguiendo el camino que tu arar
Desemboca a este efluvio amoral.
¡Me encantan los poemas de esta escritora! Creo fervientemente que el destino de la literatura latinoamericana, descansa en ella. Prometedora.
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